Los hechos que estoy a punto de relatar me los contó la propia Selene aquella mágica noche en la que, tras mucho invocarla, por fin accedió a pasarla con este humilde mortal que todavía no acaba de creerse tan gran prodigio.
“Era una cálida noche de mediados de julio. Estaba descansando después de una agotadora noche surcando los cielos en mis aposentos del monte Olimpo. Me metí en la ducha puesto que no veas la cantidad de mugre que hay por ahí arriba. Llevaba un rato así cuando noté que de repente unas manos me recorrían la espalda. Sobresaltada por este hecho, me giré dando un grito ahogado de sorpresa. Allí, frente a mí, estaba la exuberante y sensual Afrodita. Llevaba puesta una toga de gasa transparente que dejaba entrever su espectacular anatomía. Allí arriba somos casi todos bisexuales así que no veas las fiestas que nos montamos. Y si ya llega Baco con alguno de sus exquisitos caldos, ni te cuento.
>>Aprovechó que tenía la boca abierta para plantarme un beso en los labios que me hizo estremecer. ¡Hay que ver lo bien que lo hace la cabrona! Ahora mismo, al recordarlo, se me está humedeciendo el chochito. Mientras me besaba, me iba acariciando con sus suaves y expertas manos. Sus pezones se estaban empezando a endurecer al mismo ritmo que los míos propios al contacto con aquellas herramientas de placer que son las manos de esta diosa. El agua se mezclaba con mis propios fluidos creando una sensación que me excitaba cada vez más. Me sentía tan empapada y excitada que mi cueva carnosa y caliente palpitaba. Entonces, noté que me cogía en brazos. Me agarré a su cuello, delicado y suave como el pétalo de una rosa o el más fino raso. Me tumbó en mi cama, fabricada de una aleación especial que sólo se da en el Olimpo y que está hecha de hilo de nube y plata y cuyo colchón está fabricado con las nubes más esponjosas y las plumas de los cisnes más perfectos que te puedas imaginar. Las sábanas son de seda con bordados de rayos de sol. Los cabeceros de la misma están realizados a partir de lágrimas de vestal, plata de una pureza que jamás podrás ver en la tierra y rematados con unas rosas rojas esculpidas en rubí y cuyo tallo está realizado con el oro más brillante y pulido que te puedas imaginar.
>>Como te iba diciendo, Afrodita me cogió en brazos y me depositó en la cama. Yo estaba con la sensibilidad a flor de piel. Se quitó la finísima túnica que llevaba y me dejó contemplar en todo su esplendor aquellos hermosos senos para los que no encuentro palabras para describir la tersura, suavidad y exquisito sabor que tenían. Seguí bajando la mirada, siguiendo el contorno de aquél escultural cuerpo. Su melena dorada y rizada caía en bucles sobre sus deliciosos hombros.
Yo estaba temblando en la cama, esperando impaciente a que mi amante empezara la sinfonía de placer que más tarde me daría. Ella también estaba recreándose en la visión de este cuerpo que nada tiene que envidiar al de la llamada diosa del amor. Vi cómo devoraba con ojos llenos de lujuria mis senos, mi vientre, el monte que precede al valle de mi sexo que, hambriento, estaba ya completamente encharcado en sus propios jugos. Ambas nos acariciábamos mientras contemplábamos la fisonomía de la otra. En un momento dado, no lo pude resistir más: la cogí por los hombros y la obligué a que me tocara con sus expertas manos. En ese primer contacto de esos dedos, mi vello se erizó, dejé escapar un suspiro de placer mientras yo dejaba que dibujara mi cuerpo con sus manos. Mientras, yo hacía lo propio con el suyo. Su piel es tan suave, delicada y fragante, que no podía dejar de recorrerla con mis manos y mi lengua. Noté cómo sus pezones sonrosados se ponían erectos y cómo se erizaban sus aureolas. Después de estar así durante una eternidad, se dio la vuelta, ofreciéndome sus nalgas, redondas, perfectas, y tan suaves y tersas como el resto de su cuerpo. Empezamos a hacer el que es uno de los mejores 69 que he tenido en mi vida. Comencé a lamer su clítoris a la vez que ella hacía lo propio con el mío. Sentir sus flujos en mi boca me excitó más de lo que creía y en ese momento, guiada por la pasión del instante, lamí su suculento trasero sin olvidarme de ningún rincón e introduje mi dedo índice en ese agujero que tan apetitoso me parece mientras con mi lengua recorría su sexo. La muy zorra me estaba inundando la boca y la garganta con sus fluidos. Daba igual lo rápido que fuera; no bien terminaba de tragar la última gota sentía mi boca llena de nuevo. Aunque ella también bebió una ingente cantidad de mi néctar. Después de infinidad de orgasmos, la sinfonía de lujuria y pasión alcanzó su clímax cuando un último orgasmo, más violento que los anteriores, nos invadió a las dos.
Llegado ese momento, nos separamos un momento, derrengadas pero muy satisfechas. Estuvimos abrazadas y acariciándonos la una a la otra hasta que nos quedamos dormidas.>>
Después de que me relatara esto, volvimos a hacer el amor. Una vez más volví a tener la sensación de que no merecía tener tal honor. El estar con aquella deidad, que había sido amante de Afrodita, me infundió un profundo respeto. Quizá por eso, aquella vez la poseí con el respeto reverente que se merecía. Fue un día inolvidable para mí. Nos quedamos dormidos y cuando abrí los ojos ya se había ido. El notar su ausencia hizo que rodaran lágrimas por mis ojos. Volví la vista al cielo y le agradecí en silencio aquella noche mágica que nunca podré olvidar…
martes, 25 de agosto de 2009
SELENE Y AFRODITA
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