lunes, 24 de agosto de 2009

UN SUEÑO HECHO REALIDAD

Había ido al concierto de un grupo que sólo conocía a través de una amiga a la que también le gustaba. Se llamaba Darna y son asturianos, como yo. Se hizo al aire libre, algo poco usual en estos tiempos a no ser que sea un festival. Empiezan a sonar los primeros acordes y todos los que allí estábamos comenzamos a botar y a vibrar con la intensidad y la sensibilidad de la canción. Yo estaba encendida a causa de la música, de la voz de Ruth, su cantante y hechizada por el cuerpo menudo pero proporcionado de ella.

Mi amiga además no hacía más que echar más leña al fuego con unas caricias dulces y abrasadoras que hacían que mi cuerpo reaccionara. Mis pezones se pusieron erguidos y duros como boquillas de cigarrillo y mi sexo empezaba a gotear el néctar del placer. En cierto punto de la actuación, cuando empezó a cantar la canción "Sheela", me encontraba sumergida en la historia por completo. Sheela, una de las diosas del mundo de Darna, se enamora de un mortal. Me pongo a imaginar el cortejo que hizo con su amante mortal. Los juegos por los bosques y cómo ella se deja atrapar en los brazos musculosos y varoniles de él. Casi podía ver cómo ella se dejaba hacer mientras que el amante mortal la hacía gozar hasta límites que ella casi ni se había atrevido a soñar que fueran capaces de existir. Después lloré con ella cuando el resto de los dioses la condena a ser convertida en piedra y el fruto de su amor es entregado a los mortales. Sin darme cuenta, había tenido tres o cuatro orgasmos en el ínterin, ya que mi amiga no había dejado de hacer un uso maestro de sus manos y su boca. Entonces descubro que Ruth nos está mirando fijamente desde el escenario. Bueno, más concretamente fija sus ojos en mí. Unos preciosos y bellos ojos color almendra.

Total, que el concierto acaba, yo estoy bastante debilitada por la sesión que me ha proporcionado mi amiga y se nos acerca Ruth con una sonrisa picarona. -He tenido que hacer un esfuerzo sobrehumano para no hacer notar a mis compañeros de grupo lo caliente que me estabais poniendo. Si no estáis muy cansadas, me gustaría que os vinierais conmigo. Disculpadme un momento que tengo que despedirme de la banda y enseguida estoy con vosotras. Después de aquello nos quedamos boquiabiertas. Se me pasó el cansancio casi al instante. Total, que llegamos a su casa. Nos tomamos una copa de un buen vino, comentamos la actuación y cómo me sentí transportada en la canción que he mencionado antes y que para nosotras era como un sueño hecho realidad lo que estaba pasando. -Esto no ha hecho más que comenzar-nos dice con una sonrisa cargada de malicia. Acto seguido nos besa a ambas y nos pide que nos pongamos cómodas. Yo me siento bastante cohibida por todo aquello pero mi amiga empieza a desnudarse. Su maravilloso y bien torneado cuerpo me hace perder la cabeza y me lanzó como una loba a por su cuello y luego la devoro poco a poco con mis labios y mi lengua. Succiono los duros pezones, voy bajando por su vientre y me paro un instante en su sexo. Empiezo a mordisquear su clítoris y la noto gemir de placer. En ese instante noto que unas manos empiezan a acariciar mi espalda y a recorrer mi cuerpo con la experiencia de alguien que conoce bien la anatomía femenina. Recorre con su lengua mi espalda. Sigue bajando hasta mi vagina y me hace una comida que hace convulsionarme y casi me caigo al suelo de placer. A mi vez sigo comiendo el sexo a mi amiga.

Se convulsiona, noto su almíbar resbalando por mi garganta y en ese momento las tres soltamos un grito orgásmico que hizo retumbar el lagar. Nos quedamos un buen rato abrazadas las unas a las otras hasta que empezamos a sentir otra vez arder el deseo en nuestro interior. En esta ocasión fui yo la que le devolví el favor a Ruth. Empecé a saborear sus senos, húmedos a causa del sudor provocado por la excitación. Gemía de placer y me pedía en susurros entrecortados que no parara. A su vez, mi amiga estaba haciéndome vibrar de lo lindo con su boca y sus manos. Parecíamos tres músicos interpretando una sinfonía de besos, jadeos, gemidos y demás sonidos del placer. Cuando pensábamos que aquello ya había llegado a su fin, Ruth saca de su habitación unos consoladores. Nos da uno a cada una y ella se queda con dos. Yo empiezo a lamer morbosamente el mío antes de empezar a hacer el dibujo de mi cuerpo con él. Empiezo por el cuello.

Bajo por los senos dibujando su redondez. Hago sierpes alrededor de mi vientre y me entretengo un momento en mi monte de Venus. Veo que mi amiga, que es más impaciente que yo, ha empezado a introducírselo en el interior de su rosada cueva. Yo tengo un orgasmo gracias al efecto combinado de la visión y el placer que me proporciona el juguete. Entonces me lo introduzco en la vagina sin problemas de lo lubricada que está. Ruth a su vez utiliza los dos consoladores en cada uno de sus agujeros. Mi amiga se levanta y me introduce el suyo, también lubrificado con sus propios jugos en mi culo. Al principio es un poco molesto, pero después noto cómo me derrito de placer. Mi amiga y yo nos miramos con una sonrisa cómplice y dejamos que Ruth descanse sus manos y cogemos los consoladores y empezamos a follarla como locas. Nos habíamos dejado los consoladores puestos, con lo que el placer era algo ya casi inhumano.

Íbamos cada vez más rápido hasta que al final, con un gran estertor final, nos quedamos las tres dormidas la una al lado de la otra, abrazadas y con una gran sonrisa de satisfacción por el momento inolvidable que habíamos pasado y que duró casi hasta bien entrada la mañana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario