Este relato lo escribí en honor de una gran mujer. Un ángel que se paseaba por cierto foro y a la que inmortalicé no en uno sino en dos cuentos. Aquí tenéis el primero de ellos:
Era una noche bastante agradable de un mes de mayo. Estaba tumbado en mi cama sin más compañía que mi almohada y la imagen de la mujer más hermosa que jamás conocí.
En realidad la imagen provenía de un sueño que acababa de tener. En él estaba volando por la inmensidad azul que representa el firmamento. En un punto del vuelo me cruzo con un ser de extraordinaria belleza. Me percato de que tiene un par de alas a su espalda.
-¿Eres un ángel?-le pregunto anonadado por la indescriptible belleza del ente.
-¿Qué otra cosa crees que puedo ser?-responde con una sonrisa extraña en un ser de su naturaleza puesto que estaba cargada de sarcasmo.
-Disculpa, pero es que es la primera vez que me encuentro con algo tan hermoso como tú-respondo bajando la mirada y sonrojándome.
Entonces ella, puesto que al mirar al ser detenidamente me doy cuenta de que tiene las formas de la mujer más perfecta que jamás nadie pudiera imaginar, sonríe y me besa en la mejilla.
En ese momento creo que me van a fallar las fuerzas y voy a estrellarme contra el suelo. Pero ella se da cuenta de mi turbación y me pregunta si me encuentro bien. Eso me saca de mi ensimismamiento y le contesto que sí.
-¿Cual es tu nombre, oh hermosa visión de la perfección?-le pregunto con palabras que brotan de lo más profundo de mi corazón.
-Eso no importa. Llámame, simplemente, Lo.
-¿Lo? Corto; conciso; tan perfecto como tú.
Entonces ella se acerca y me besa los labios. Noto su dulce aliento y me recreo en el sabor de su boca. Es embriagador. Noto un estremecimiento de placer al estar tan cerca de la perfección personificada.
Me detengo por temor a que algún otro ángel que estuviera en aquella zona pudiera estar viéndonos y le contara al Supremo lo que una de sus favoritas estaba haciendo con un simple mortal.
-¿Por qué te detienes?-me pregunta con un rictus de dolor que nubla la belleza de sus preciosos ojos color almendra.
-Porque no quiero que por mi culpa pierdas tu divinidad.
-No tienes que preocuparte por eso. Hace mucho que la perdí.-me lo dice con una expresión de dolor tal que me parte el corazón y me hace sentirlo como mío.
-¿Qué o quién fue el desalmado que te hizo perder tu sitio en el paraíso?-le pregunto con la mezcla de tristeza y rabia que es producto de la frustración.
-No le maldigas, puesto que él era otro mortal como tú. Ocurrió hace algunos años. Pocos para mí, pero eones enteros en edades humanas.
Me enamoré en cuanto le vi. La belleza de sus palabras, el halo cuasi divino que también parecía emanar de él fue lo que me impulsó a hacer lo que hice. A pesar de que estaba oculta entre la multitud y estaba con un disfraz de mortal, él me vio, me sonrió y cuando acabó la charla que estaba dando, me invitó a que lo acompañara a su casa. Allí me contó que en cuanto me vio supo que yo estaba allí por él. Me estuvo diciendo que, al igual que tú, se había sentido atraído por mí en el primer momento en el que su mirada se cruzó con la mía. Me pareció tan sincero y puro su sentimiento que le correspondí. Me entregué a la pasión de aquél hombre. Ese día supe lo que era hacer el amor; fue maravilloso. Él era delicado y dulce conmigo y me prometió que pasara lo que pasase, nunca me abandonaría-no sé qué tenían sus palabras, pero me sentí transportado a otra época, otro lugar. Es más, en el fondo de mi alma es como si fuera el protagonista de aquella historia-. Poco duró nuestra felicidad, puesto que a él mis superiores lo encontraron y lo convirtieron en estatua de piedra. A mí también me lo hicieron, estuve mucho tiempo vagando por los cielos llorando la pérdida de aquél que tanto me dio en un tiempo en el que era joven y algo alocada y que llenó de amor mi corazón.
En ese punto no la dejé seguir hablando. Pasé a la acción. Le quité la túnica y empecé a besar su cuello. Ella se abrazó fuerte a mí. Entonces empezó a sollozar, quizá por el recuerdo de aquél que fue su amante durante su juventud. Yo, un poco azorado por la situación (no todos los días se encuentra uno con un ángel y tiene la oportunidad de hacer el amor con él en las nubes) le dije que si no quería, que me marchaba. Que entendía su reacción. Entonces ella se enterneció frente a mi propuesta y se acercó más aún a mí. Empezó a acariciarme el pelo y me dio un beso apasionado que me supo mejor aún que el primero que me había dado. El sabor de las lágrimas mezclado con el suyo me hizo estremecer. Me transporto a la época en la que ella estaba con su amante y ella entregaba su virginidad. Siguió bajando. Empezó a acariciar mi cuerpo sin dejarse ningún rincón. Me quitó los pantalones de pijama y la ropa interior y empezó a masturbarme.
Después se introdujo mi pene en la boca y empezó a hacerme una mamada. Nunca había sentido un placer así. Me volvía a sentir abrumado por la sensación de estar profanando algo sagrado. Pero a ella parecía no importarle. Decidí seguir con el ritual y la recosté sobre una nube. Allí empecé a acariciar casi reverentemente sus pechos suaves y firmes. Después seguí bajando y me dediqué con entrega a acariciar su clítoris y su vagina. Se convulsionaba con el placer que le estaba proporcionando. Entonces, la penetré. Fue como si el cosmos viniera a nuestro encuentro. Vi los eventos pasados, los presentes y los que estaban por venir. Entonces comprendí que yo era la reencarnación de aquel hombre que un día llegó a enamorar a un ser como aquél. Con estos pensamientos, llegué al orgasmo al mismo tiempo que ella. La bese esos maravillosos labios en forma de fresa que es su boca. También la besé los otros. Seguía excitado y por su cara pude ver que ella también. La besé apasionadamente en la boca.
Volví a acariciarla, pero esta vez olvidando que era un ángel. Decidí jugar con ella. Le dije que se pusiera a cuatro patas. En ese momento la penetré desde atrás mientras con los dedos índice y corazón de mi mano derecha penetraba con cuidado su ano. Ella se retorcía de placer. Le besé una vez más antes de penetrar su culo. A ella parecía no disgustarle, es más, parecía que ya lo hubiera hecho en más de una ocasión a juzgar por la cara que ponía. No lo pude soportar más y llené su agujero con mi semen. Después de aquello ella me miró con una cara extraña.
-¿De verdad te has creído la historia del mortal y que me echaron por el amor que sentía?-me pregunta con una cara que revela su lado perverso. Aún así, todavía sigue atrayéndome.
-Sí-respondo con un tono de perplejidad que parecía divertirla aún más.
-En realidad, lo del humano es cierto. Lo que pasó después fue que al subir aquí me echaron porque les dije que había descubierto algo más placentero y que llenaba más de paz que el amor del Jefe. Como comprenderás, me acusaron de blasfema e incluso llegaron a quitarme las alas. Pero lo que son las cosas, después el Jefe descubrió que yo tenía razón y me las devolvió. Desde entonces vuelo a la Tierra cuando me place y follo con cuantos humanos me apetece. Me da igual si es un hombre o una mujer. Además, me excita el saber que Él está allí arriba, observando lo que hago mientras se masturba al contemplarlo.
Por cierto, por si te lo habías preguntado, sí, tú eres el mismo espíritu de aquél al que un día amé.
Me quedé anonadado ante el cambio radical en el comportamiento del ángel. Ella, aprovechando mi desconcierto, me dio el último beso y me dijo:
-Vuelve a la Tierra antes de que entierren tu cuerpo.
-¿Te volveré a ver?-le pregunté.
-Es posible. Me gusta hacer excursiones periódicas a la Tierra. Probablemente volvamos a vernos. En tu próxima encarnación o en la presente. ¿Quién sabe?
Diciendo esto me empuja y es entonces cuando despierto sobresaltado por todo lo ocurrido. A pesar de que a mí me ha parecido que han pasado horas, días o incluso años, compruebo que apenas han pasado cinco minutos desde que me durmiera. Debe de ser que el tiempo pasa de forma distinta por allí arriba.
Meto la mano debajo de la almohada. Allí descubro una pluma. Ese detalle me basta para saber que no fue un sueño. Que realmente estuve volando con un ángel por la inmensidad del firmamento.
miércoles, 21 de octubre de 2009
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