jueves, 14 de abril de 2016
ARREBATO
Había tenido un día espantoso: su jefe había estado más tocapelotas de lo habitual y López le había calentado la cabeza con sus problemas. No era mal tío, sólo que es de ese tipo de personas que no sabe dónde está el límite entre lo personal y lo profesional y se dedica a contarle sus problemas al primero que encuentra.
Y todo porque López es el pelota del jefe y se piensa que su vida es tan interesante que tiene que ir contándosela a toda la oficina. Y ese día le tocó a Nacho. Nacho, el pobre diablo al que su jefe carga de trabajo y que es invisible para todo el mundo menos para López.
Como iba diciendo, Nacho estaba teniendo un día de mierda. El estrés y el mal rollo que se le iban acumulando a lo largo del día iban haciendo mella en él. Como dije es invisible para el resto de los compañeros de oficina, pero ese día todos se volvían para mirarle. Su cara reflejaba todo el cabreo y la frustración de uno de los peores días que había tenido en el trabajo. Se montó en el coche sin despedirse de nadie, pisó el acelerador todo lo que pudo y llegó a su casa en un tiempo récord.
En cuanto llegó, se fue a la cocina, donde sabía que ella había terminado de preparar la cena hacía escasos minutos y comenzó a besarla y a mordisquear su cuello. Se dibujó una sonrisa en su cara cuando sintió los labios de su compañero y se le puso el vello de punta cuando notó su aliento y sus dientes rozándole la piel.
Nacho le dio la vuelta a Sara, la besó con fiereza, con rabia, con el apetito de un lobo hambriento. La tumbó en la mesa del salón, desgarró sin compasión la camiseta blanca que llevaba puesta así como el pantalón. Magreó sus tetas con fuerza, tanto que incluso ella exhaló un gemido de dolor. Pero Nacho no estaba haciendo eso por satisfacerla a ella. Necesitaba una válvula de escape que le ayudase a liberarse de la presión que había estado sufriendo a lo largo de la jornada de trabajo.
Silueteó el cuerpo de su compañera con la yema de sus dedos. La escuchaba gemir de placer y eso lo estaba volviendo loco. Rozó la pelusilla que se acumula en el monte de Venus de Sara antes de introducir su dedo corazón en el interior de su coño. Ya estaba húmedo, pero después de la incursión del dedo explorador y de que Nacho se embriagase del olor de ella al lamer su clítoris mientras con el dedo recorría la cavidad carnosa y suave de Sara, el líquido que salía del interior de ella era tal que casi parecía una cascada de agua salada la que era expulsada de allí.
Nacho, loco de lujuria después del día que había tenido y de los gemidos y convulsiones de placer de su compañera, no pudo esperar más y empezó a follársela encima de la mesa. Su polla estaba totalmente erecta y empezaba a brillar por el líquido pre seminal. Entró con mucha facilidad puesto que el chochito de Sara estaba muy lubricado. La folló con furia al principio, mientras todavía se acordaba del día que había tenido y de las batallitas de López. Pero cuando se fijó en la cara de su compañera, ruborizada a raíz del sexo salvaje que estaban teniendo, empezó a relajarse y las embestidas perdieron el ímpetu del primer momento.
La alzó en volandas, con su miembro todavía en el interior de la cueva calentita y húmeda que es el interior de ella, y se la llevó a la habitación. Una vez allí, penetró con la misma intensidad los labios verticales de Sara, aunque hubo varios cambios de ritmo antes de que Nacho se corriera en el interior de su compañera. Durmieron abrazados, exhaustos pero contentos de tenerse el uno al otro.
Después de aquella sesión de sexo desenfrenado, algo cambió en la vida de Nacho. Desde entonces, no dejó que López volviera a darle la brasa con sus historias, hacía su trabajo con eficiencia y eficacia, como siempre había hecho, pero tampoco permitía que su jefe le tuviera en la oficina echando horas extras. Las noches las reservaría para Sara, su compañera, su confidente, su estrella, su fierecilla en la cama.
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